jueves, 16 de mayo de 2013

In Hoc Signo Vinces

  "Con este signo, vencerás" , la tradición cristiana dice que justo antes de la batalla del puente milvio, a Constantino el Grande se le apareció una gran cruz en el cielo con este lema. Y desde entonces para el cristianismo todo fue una cuesta arriba. 130 años después, si alguien llevase el tanteo en el campeonato divino , Jesús Salvador Cristo, seria el Nº1 de la Federación Mediterránea  tras vencer por K.O a Zeus-Jupiter, forzando su retirada. El mejor pugil a este lado del Jordan, lleva décadas dando de palos a Woden-Odin. Cada vez que sube al ring, el Padre de Todos sufre un repaso de los que hacen época ante el nazareno, que le hace besar la lona y le quita otra nación de seguidores.
   En estas doce décadas, muchos pueblos que antes rendían culto a los aesires y los vanires han optado por darles la espalda e inclinarse ante la cruz. Godos, vandalos, burgundios... y tantos otros.

Y es que Cristo en esta época no es un pobre hombrecillo apaleado y crucificado sino más bien este tío duro:

¿Quien decís que no ha sido salvado?

Y así va a aparecer en esta campaña. Va a ser un dios, ni mejor, ni peor que cualquiera de los de los nórdicos. Tiene poder, y sobre todo un ansia inagotable de conseguir nuevos prosélitos.

Cuando los sajones de Britania por fin se convirtieron al cristianismo lo hicieron a un cristo que veían como el mayor de los guerreros, tan poderoso que había vencido a la mismísima muerte. Siglos después de la época que nos ocupa, cuando Carlomagno convirtió a los sajones continentales, lo hizo presentándoles como única opción al tajo del verdugo la pila bautismal. Y llevándose por delante todos las representaciones de Irminsul que se cruzaron en su camino.
Carlomagno redecorando Sajonia.

Curiosamente esto ocurría justo al sur de Dinamarca y muy poco antes de que comenzaran las expediciones vikingas, con el ataque al monasterio sajón de Lindisfarne... Si, si, seguramente fue una casualidad.