jueves, 23 de mayo de 2013

Bajo el Irminsul

   Tras la fiesta en la Gran Sala de Hengist, Hildr la volva, acompañada por su amiga Jorun y algunas mujeres voluntariosas, se dirige al promontorio donde se yergue un joven fresno, imagen del arbol divino, Irminsul.

  El joven arbol se alza valientemente en lo alto del promontorio, frente a los vendavales del Mar del Norte. A sus pies hay un monton de piedras, los restos del altar levantado por la reina Eadgifu meses atras. Sobre el altar Hildr coloca una corana trenzada con ramas de serval joven y brotes de muerdago, y cuando llega el momento, sacrifica una cabra y dejo caer su sangre sobre el altar, y recita los ultimos versos del himno a Frejya la Fecunda.  
    De inmediato, la presencia de la Diosa se siente en el lugar. Las ramas de serval enraizan en el altar, el fresno brilla con una luz propia, sus hojas de un verde mas intenso y claro, y en el promontorio empiezan a florecer amapolas, dientes de leon, margaritas... Un esplendor primaveral en pleno otoño.
Sintiendo la fuerza del momento, y tratando de aprovecharlo, Hildr decidide tratar de ver el porvenir arrojando sobre la sangre del sacrificio los huesos tallados que tiene para este fin. Y consigue una vision.

Esta a bordo del Colmillo de Oso, pero no en el mar, sino en el centro del cauce de un ancho rio. Una de las riveras esta llena de campos cultivados, pero la que esta a su derecha, esta cubierta por construcciones de piedra, una tras otra, de alturas increibles. El barco parece dirigirse a esa ribera...
Hildr nota como el trance empieza a desvanacerse, pero en el borde de su consciencia, siente algo mas, otra hebra de profecia. ¿Osara seguirla y tener otro breve destello de las cosas venideras?. Duda un instante, recordando las advertencias sobre hacer algo asi, hasta que es demasiado tarde y se ve arrastrada por el torbellino de la profecia.
Ve un paisaje en tinieblas. La unica luz proviene de un pequeño cerro, en el que hay tres enormes maderos, con otros maderos atravesados, y sobre cada uno de ellos un hombre clavado por manos y pies. Nota un movimiento a su lado, una sombra dentro de la sombra, se gira y contempla el rostro, medio vivo, medio muerto, de Hel, la diosa de la muerte. Implacable se dirige hacia el cerro, y en concreto al hombre que se encuentra flanqueado por los otros dos. La debil luz que ilumina la escena parece proceder de él.  Sin embargo cuando llega junto al madero, el cruzificado abre los ojos y la luz se convierte en un fulgor cegador. Hel grita llena de terror, y el hombre, con los clavos aún dentro de sus manos, desciende de los maderos. La señora de helfheim cae de rodillas, y el Hombre, con sus manos brillando con un fulgor blanco, le atraviesa los ojos con los clavos al rojo vivo. Hel se consume y queda convertida en cenizas ante los atonitos ojos de Hildr. El Hombre la mira directamente a los ojos con una feroz determinacion y por primera y unica vez habla:
"YO SOY, YO SERE SIEMPRE"