lunes, 30 de septiembre de 2013

La Caida del Aguila

[...]Otro de los Fragmentos de Lindisfarne, viene firmado por Marekius, un guerrero sajón o juto, y que para el Profesor Cavendish de la universidad York es la prueba de su falsedad, ya que en la época del relata difícilmente un guerrero anglosajón, habría sabido escribir en latín, sin embargo, otros sostenemos que la presencia de terminos germanicos en el texto, como houscarl y thulr, son clara prueba de[...]

[...] Es bien sabido, que son tiempos difíciles los que se viven en una ciudad asediada. Las calles se vuelven mas solitarias, las raciones más reducidas y  la gente mas desconfiada e implacable. Esta era la situación en Vinovia, norte de Britania, a principios de verano del año 451. Una gran banda de pictos, llamarlo ejercito seria una exageración, acampaba a sus puertas. Este hecho no habría tenido nada de particular, de no haber estado la banda, comandada por un tal Craw Dos Hachas, acompañada por una enorme bestia, algún engendro diabólico o troll, como lo llaman los sajones, de más de 40 pies de alto. La criatura, era similar a los elefantes descritos por Plinio y Polibio, pero cubierta de pelo marrón y lanudo, y de un tamaño mucho mayor. La bestia era conducida por un anciano de aspecto intimidador , y describió tres círculos en torno a la ciudad, barritando con fuerza al llegar ante la puerta norte en cada una de las tres ocasiones. El pánico estuvo a punto de apoderarse de la plebe, pero el gobernador Máximo Meridio Agrícola, consiguió mantener el orden. En aquel momento, los pictos enviaron un emisario que anuncio que quería hablar con el gobernador, pero también con la líder de los guerreros del pueblo del mar, que es como los pictos llaman a los sajones.

Marcharon pues, los unos y los otros, bajo una cortina de lluvia, hasta llegar a un toldo que se había levantado en la tierra de nadie. Por parte de la ciudad, fueron el mismo Agricola, un magistrado civil llamado Petronio Casto, y una sacerdotisa de Isis llamada Claudia, sin duda para proteger a la comitiva de los embrujos de los druidas pictos. Por nuestro lado fueron el houscarl de Jorun, la curandera Thorlot, el scop Wulfric y una adición reciente, el thulr Kjallak.

 Allí se reunieron no solo con Dos Hachas, sino también con su sacerdote, Gronar, un individuo
legendario del que se dice que llevaba siglos sobre la Tierra. Estaba acompañado de dos acólitos, que estaban en cuclillas a sus pies, mostrando la conducta mas sucia y repugnante que uno pueda imaginarse. Sin embargo Gronar no abrió la boca en ningún momento, y fue Dos Hachas, con unas maneras y dotes que nadie hubiera imaginado en un salvaje, quien llevo la voz cantante.

Mucho es lo que ha sufrido y penado mi pueblo a manos de los romanos, y solo el pensar cuantos de ellos morirían si atacáramos la fortaleza me contiene de dar la orden. Más no dudéis que lo harían si yo diera la orden, y con la ayuda de la Montaña que Camina, Vinovia caerá en un mar de sangre. Así que, si sois sabios, tomareis mi oferta y me daréis lo que pido. Respecto a los Hombres del Mar, no entiendo porque han entrado en esta lucha y han matado a tantos de los míos, mis guerreros quieren capturarlos y darles una muerte terrible, pero yo he contenido su justa ira y podréis marchar. Hasta os dejaremos a vuestros muertos sobre la colina, sin mas daño que el que la lucha les haya causado.

A continuación Dos Hachas hizo unas peticiones desmedidas, exigiendo que se le entregara una cantidad de grano que dejaría los graneros de la ciudad vacíos y que Agricola le abriese los arsenales de Vinovia, entregándole gran cantidad de armas y armaduras. Contra toda razón, Agrícola concedió todas las peticiones de Dos Hachas.

De vuelta a la posada donde se alojaban, los Eotenbanum hablaron largo y tendido de como proceder, de si Dos Hachas y Agricola cumplirían su palabra. Pronto decidieron que necesitaban saber más, pero, ¿como conseguirlo?. Estaba claro que moverse por las calles de la ciudad era una insensatez, con consecuencias terribles en caso de haber sido descubiertos. Finalmente decidieron que Kjallak entraría en trance de nuevo y desde el supramundo, su anima podría averiguar la verdad.

El espíritu de Kjallak remonto como un pájaro y vio la ciudad desde lo alto y la vio como solo pueden verla los iniciados, vio la ciudadela, construida por un Imperio moribundo, custodiada por un Gran Aguila que estaba perdiendo las plumas, y vio un faro de luz dorada en el templo de Isis, que en esta existencia tenia un aspecto muy distinto del que tenia en el mundo real, aparentado un magnifico templo de estilo egipcio con un gran pórtico. Kjallak intento entrar en el templo, pero se encontró con un espíritu que había tomado la forma de un hombre con cabeza de halcón,  que se enfrento a él, Horus de nombre. Kjallak venció al espíritu y violo el santuario para ver que acontecía en su interior, viendo a la sacerdotisa Claudia dirigir la carga de unos carros con sacos de grano. No permaneció mucho tiempo porque estaba claro que la joven sacerdotisa sintió algo y empezó a invocar la magia de su diosa.

Kjallak decidió volver a la ciudadela y que nada ni nadie le impediría pasar, así que se enfrento al espíritu del águila, y lo destruyo. Esta vez nadie dentro de la misma pareció darse cuenta de la muerte del genio tutelar de la civitas, y continuaron con su labor, que consistía en seleccionar las armaduras en peor estado y sabotearlas antes de entregárselas a los pictos.

Kjallak se volvió entonces temerario y decidió marchar contra el campamento de los pictos. Allí encontró a uno de los acólitos de guardia, y cuando el se negó a dejarle pasar y le ordeno que se marchara por donde había venido, el permaneció en su lugar. Llamo a su señor Gronar y al otro acólito, y entre los tres consiguieron expulsar a Kjallak de vuelta a su cuerpo.

Al despertar, Kjallak contó lo antedicho, pero dijo que habían sido los druidas pictos los que habían destruido al Gran Águila. Después de esto, la confusión invadió a los matatrolls, ya que temian que el pacto acabara malográndose. Pensaron incluso en abandonar la ciudad esa misma noche o traicionarla y entregársela en bandeja a los pictos, sin embargo al final no acordaron nada y se opto por esperar a ver como se desarrollaba los acontecimientos.