martes, 10 de septiembre de 2013

Los Pretendientes.

Los Matatrolls emergen del interior de la montaña, cerca de la cumbre, y bajan raudos hacia las
También abre latas y botellas, no
solo vientres.
cóncavas naves. Marek en especial blande orgulloso la lanza plateada que ha obtenido del gigante Gawal. Se trata de una arma de un aspecto letal, lleno de filos aserrados que se siguen unos a otros como los dientes de una fiera. Su brillo plateado le confiere un aspecto sobrenatural, y por si esto no fuera bastante, si es arrojada vuelve a la mano de su portador.

Tan alegres están, tan absortos en su victoria, que no entienden por que junto a las naves Oswulf esta organizando a los hombres en un muro de escudos, hasta que se dan cuenta de que llevan un gigante con ellos y que el fiel berserk cree que van a ser atacados por un jotunn, y los demás Matatrolls han de apaciguarle para que acepte al gigante como un amigo.

La presencia de la criatura en el barco, junto a los rumores del rechazo de Thor, dan pábulo a rumores durante el viaje de vuelta a Britania, y se producen algunos diálogos tensos cuando Rowenn toma el timón del Lagrimas de Freyja. Una mujer da mal fario y todo eso.

Sin embargo estas preocupaciones insustanciales pronto pasan a segundo plano cuando se presenta ante los Matatrols, surgido de entre las olas, el mismísimo Manannán Mac Lir, el dios britano del mar, que reclama la libertad de su sobrino Gawal, hijo de Bran el Bendito. Ni siquiera los Matatrolls se atreven a desairar a dos dioses la misma semana. Así que dejan partir al gigante, que les promete su amistad y que si necesiten su ayuda susurren a cualquier arroyo o rió, que su mensaje acabara llegandole gracias a su tío. Si todo fallara podrán encontrarle en la Isla de Manannán. Por su parte, el dios del mar promete a los Matatrolls que sus redes jamas estarán vacías.
¡¡Naa, claro que puede irse, si en realidad le estábamos llevando a casa!!
De vuelta a Thanet descubren que han aparecido nuevos inconvenientes. Una autentica oleada de pretendientes jutos se ha presentado en el gran salón de Hlothere, todos aspirando a la mano de Jorun. Y es que Hengist, durante su viaje a Jutlandia no ha perdido ocasión de alabar la belleza y la riqueza de Jorun, y el hecho de quien se case con ella se hará con la jefatura de los beornlingas.

A Marek todo esto no le hace gracia, y a la primera oportunidad se lo escupe a la cara a uno de los
Freoca ofandiendonse
pretendientes, Freoca Erikson, que no se lo toma nada bien. De hecho, tan mal se lo toma que envía a un asesino que trata de acabar con Marek por la noche, cuando este va a hacer de vientre. En el corto trayecto entre en la casa y la letrina, Marek consigue vencer y reducir al asesino, y luego con la ayuda de sus camaradas le hace confesar quien le ha enviado.

Consultan al sabio Hlothere como proceder, y este los apacigua para que no tomen venganza y empiecen un feudo de sangre. Ordena a Wulfrig el joven que componga a un lay satirico sobre el combate de la letrina para escarnecer a Freoca, y que los Matatrolls, con el asesino maniatado vayan por los asentamientos jutos proclamando la infamia del asesino. Finalmente en uno de estos campamentos de inmigrantes Freoca se enfrenta con los PJ y fuerza un juicio de armas, defendiendo su causa un recio berserk armado con una enorme hacha de dos manos, de nombre Penda. Amigos y enemigos forman un circulo de escudos entre ambos rivales. Pronto queda claro que ambos están muy igualados. El Berserk da golpes mas duros, pero la defensa de Marek es mas dura. La balanza de la vida y la muerte se inclina varias veces, unas veces del lado de Penda, otras del de Marek Accason. Marek ve como su escudo es astillado, y su cota de malla se convierte en jirones, pero finalmente, cuando casi se ve ante el Puente del rió Gjoll, consigue sacar fuerzas de flaqueza y derrotar al hijo de la furia. Con un golpe certero y seco le separa la cabeza del tronco, enviándola a los pies de Freocca.
¡¡Nadie tendra a Jorun!!. ¡¡¡¡SALVO YO!!!!

Más esta pobre prosa es solo un leve atisbo del poema en que Wulfric el Joven gloso este duelo y que aún se sigue cantando junto al fuego en los salones de los reyes del norte.