martes, 3 de septiembre de 2013

Dyng ond Dracan

O Dragones y Mazmorras en ingles antiguo como podéis comprobar aqui.

Aprovechando los meses de espera y preparativos que quedan por delante hasta la campaña contra los cantacii, los Matatrolls se embarcan en Las Lagrimas de Freya, cruzan el canal y remontan el Rin de nuevo, hasta  llegar al altar de Woden donde la daga del toro pareció vibrar, y averiguar que pudo causar este hecho.

El lugar posee una abrumadora belleza. Una montaña de granito, que se alza junto al gran rió en un acantilado gris con vetas verdes de zarzas y matorrales, a su lado, un bosque verde profundo y oscuro, sirve de fondo al altar del Padre de Todos, formado por dos enormes megalitos de piedra y una mesa de roca.

Dejando la nave varada en la orilla del rió, y a la tripulación junto a ella, los Matatrolls se adentran en
la sombría floresta, avanzando con dificultad, sin que nada atraiga su atención hasta que empiezan a oír una canción, que danza entre los arboles como la lluvia, que reverbera en la corteza como el trino de un ruiseñor.

   Cautivados por la canción, se dirigen hacia su origen, y al apartar una rama de roble, ven a una hermosa doncella peinando su largo cabello dorado, que brilla y centellea. La belleza de su voz los cautiva completamente, hombres o mujeres, escaldos o guerreros. Avanzan hacia la belleza del bosque sin prestar atención a cosa alguna, y entonces, sus pies dejan de pisar el suelo, y caen. Caen a una negra sima, tan profunda, que la luz del día es solo una tenue linea de blancura en lo alto.

Es que las Elfas Oscuras te roban el corazón
En la oscuridad, los Matatrolls se miran unos a otros, a la luz de la tea prendida por Hvit, la Señora del Fuego.¿En que estigia oscuridad han acabados atraídos por el hechizo de la ondina?. ¿Estarán en el reino de los svartalfheim, los elfos oscuros?, ¿en la guarida de un dragón?....

Pero no es la primera vez que los Matatrolls se enfrentan a bestias sobrenaturales, y saben que el viejo proverbio "si sangra puede morir" encierra una gran sabiduría. Siguiendo el consejo de la vidente Hvit, se internan en un túnel lateral, cubierto de una excrecencia negra, hasta entrar en una cámara oscura, donde ven a cuatro hunos, o más bien sus caras de ojos rasgados, ya que el resto de sus cuerpos esta cubierta con la sustancia negra. ¿Que o quien los ha puesto allí?. La incógnita se resuelve de inmediato, cuando una inmensa sierpe de escamas negras abre sus fauces y trata de engullir con ella a los PJ. Sin embargo, Marik, siempre alerta, bloquea su ataque, afrondo el solo su feroz mirada que vuelve torpes sus pies y sus manos. La feroz Rowenn le abre un enorme tajo en la tripa con su espada de doble puño, y la criatura, muy debilitada, no puede con la furia desencadenada de los Matatrolls. Las llamas invocadas por Hvit acaban dándole el golpe mortal, aunque, desafortunadamente, prende la sustancia negra y los cuatro hunos perecen abrasados.

Pero de entre las llamas aparecen algunos objetos. Uno es un anillo de oro, un anillo de Equites,
 forjado en tiempos de Augusto, aunque con algunos elementos de decoración sorprendentemente germánicos para su época, como observa Jorun doctamente. Aún mas, cavando bajo el lugar donde estaba el anillo, encuentran una caja de acero, con un águila y el acronimo SPQR grabado en la tapa forzada. Esta llena hasta la mitad de monedas de oro acuñadas en el año 762 Ad Urbe Condita. Aunque ya todos sospechan lo que hay tras todo esto, una visión de Hvit se lo confirma. Esta caja y estas monedas formaban parte de los fondos de la XIX legión, una de las aniquiladas por Hermanen el Querusco, Arminio para los romanos, hace mas de cuatrocientos años. Y el anillo, era SU anillo, el que llevo cuando se hizo pasar por un leal súbdito del Imperio, y que arrojo aquí en señal de desprecio a Roma.

Pagad el Wergeld o morireis
Contentos con su triunfo, los Matatrolls abandonan la cámara y continúan su camino por el túnel principal, mas allá les acecha una terrible amenaza. Mientras caminan por el túnel, amplio, largo y oscuro, empiezan a oír, susurros primero, voces definidas después. Por el rabillo del ojo ven siluetas arrastrándose, acompañados del roce de escamas contra la roca.  Las voces empiezan a hablar: "Somos la progenie de Fafnir. Habéis matado a uno de los nuestros, debéis pagar el Wergeld o moriréis." Los Matatrolls vacilan y dudan unos momentos. ¿Tratar de engañar a estas criaturas?. Son seres dragontinos, maestros en la falsedad y los dobles sentidos. ¿Enfrentarse a ellos?. Es cierto que acaban de matar a uno, más, ¿a cuantos se enfrentan esta vez?, y en su terreno, no lo olvidemos... Finalmente Jorun toma la palabra y utiliza su conocimiento de las leyes y costumbres para alcanzar un acurdo con las criaturas y les entrega la cuarta parte del oro romano. La oratoria de la hija de Hlothere impresiona tanto a las criaturas que estas le indican el camino más corto de vuelta a la superficie.

En su camino de vuelta a la superficie, mientras avanzan por el túnel, cada vez se oye mas fuerte el resonar de un martillo contra el yunque, hasta atronar reverberando por todo el túnel y la inmensa cámara donde desemboca. En ella hay una fragua, no alimentada por leña ni carbón, sino por roca candente. Sobre ella, un hombre enorme, de cuatro metros de altura, cegado y encadenado al yunque, trabaja en una lanza de plata. Su cuerpo esta lleno de tatuajes azulados de serpientes enroscadas unas con otras, a la usanza britana. Ciego y ensimismado en su labor, el gigante no presenta peligro alguno y los PJ pueden pasar de largo si así lo desean, mas la curiosidad puede mas y gritan hasta desgañitarse para conseguir que el coloso los oiga.

Este interrumpe su labor y se presenta como Gwawl, hijo de Bran, hijo de Lugh. Se trata de un semidiós britano, cegado y esclavizado por los Aesir. Los Matatrols se ofrecen a liberarlo, ya que Gwawl esta atado no solo por una cadena, sino también por poderosos conjuros que le impiden no solo tratar de huir, si no ayudar a otros a que le liberen. Hvit trata de romper la cadena con su magia una y otra vez, hasta que sucumbe al agotamiento y se desmaya. 

"Te has pasado niña"
Airada por este fracaso, la blonda Jorun apela a sus antepasados divinos y pide a Thor que rompa las cadenas del gigante. El dios de la Tormenta responde a su ruego y con un trueno y un rayo la cadena de Gwawl se rompe, entonces, el poderoso portador de Mjolnir hace acto de presencia en persona, más lo hace para pronunciar severas palabras para quien lo ha invocado:

"Llamaste y he venido, mas me pediste que liberara a uno de mis enemigos jurados. Olvídate pues, descendiente mia, de volver a recibir ayuda de mí a este lado del rió Gjoll"