lunes, 27 de octubre de 2014

La Reina Negra de Deira

¿Que como fue?, ¿que como pudo ocurrir?, ¿como pudo en un parpadeo agostarse la semilla de paz, convertirse la esperanza en horror ?. No lo se, solo puedo contar lo que yo vi, y esperar que otros más sabios lo entiendan, por que yo siento como la tierra se abre bajo nuestros pies y nos devora....

La Novia
Creo que todo empezó a torcerse cuando Aelle entrego a Jorunn su morningiffu, su Regalo de la Mañana, el día de la boda. El regalo era un cofre lleno de lingotes de plata con una guinda muy especial: La cabeza disecada de Hengest.  A Jorunn le encanto el regalo de su prometido, y empezó a ensoberbecerse.

La reina ordeno que la cabeza cortada de Hengest precediera el cortejo nupcial,  y ella la seguía montada a caballo, adoptando deliberadamente un aspecto de belleza terrible e inalcanzable, que fue apagando la alegría de la multitud mientras cruzaba Sixtedale, el asentamiento de Aelle.

Ahora bien, los augurios realizados antes de la ceremonia indicaban que la diosa Freija no estaba demasiado contenta con el matrimonio de Jorunn y Aelle, pero el hacer que una cabeza cortada precediera un cortejo nupcial camino al altar de la Diosa que Engendra, era un autentico insulto a su persona y a las deidad de la naturaleza, un símbolo tal de muerte y corrupción presidiendo un rito de vida.

Cuando el cortejo llego al altar de Freija y Thorlot la völva hizo el sacrificio de una cabra, al abrirla, vio que estaba llena de gusanos.  Kjallak el godi, que poseía el
Thorlot consulta a Freija
don de ver el otro mundo, dijo que los espíritus de la Tierra se habían reunido en torno al altar, pero se habían colocado dando la espalda al mismo y a la novia. Por un momento unas nubes oscuras se reunieron y cubrieron el sol, pero Wulfrig el escaldo canto a Donar para que las dispersara y  desaparecieron.

El animo del cortejo pareció remontar despues de aquello. Alcanzaron el altar que se había levantado en honor de Woden , donde se debía sacrificar a 7 criaturas de 7 clases. Por petición de la novia se había sustituido el sacrificio de 7 hombres por el de 7 palomas, las mismas que se consumirían en el banquete de bodas.

Alli Aelle esperaba a su novia, y la cogió por el brazo para dirigirse al altar. En aquel momento las cosas amenazaron con torcerse de nuevo, cuando Marek el cristiano, se dirigido al novio y lo tomo del brazo ante todos los allí reunidos. No se sabe muy bien lo que paso, pero los firdmen de Aelle apartaron a Marek de la pareja y le amenazaron con darle una paliza si volvía a causar problemas. Luego algunos dijeron que Marek fue quien llamo las nubes sobre el altar de Freija y que seguramente tuvo culpa en todo lo que luego paso.

El Novio
Pero entonces todo parecía ir bien. La pareja llego ante al altar, se realizaron los sacrificios sin problema, y los presagios fueron unánimemente favorables. El Padre de Todos favorecía claramente el enlace.

Todos machamos hacia el salón de Aelle, el novio ayudo a la novia a cruzar el umbral y esta no tropezó. Ambos estaban radiantes con sus cabelleras doradas, la de él casi tan larga y dorada como la de ella, las comadres no paraban de repetir que estaban hechos el uno para el otro. Ah, futilidad.

Se abrieron las barricas de vino, se brindo por la felicidad de los desposados, y Wulfrig Finnson empezó a tocar la canción que llevaba semanas preparando para conmemora la boda. La canción hablaba de una hermosa princesa de dorada cabellera y animo firme, de como llevo a su pueblo desde un pantano de miseria a los verdes campos de Britania, venciendo la magia de los dioses celtas y sus druidas. Hablaba tambien de su enamorado un joven príncipe, nacido tambien al otro lado del mar, que había matado a su peor enemigo y había ganado su mano. Por ultimo narraba como los dos jóvenes se habían convertido en reyes por derecho propio, y de como ahora se unían en un reino aún mayor.

La canción era magnifica, el auditorio estallo en aplausos y alabanzas, muchos empezaron a decir que Wulfrig era el mejor poeta del mundo, que no había ni aedo en Grecia, ni bardo en Britania, ni escaldo en Escania que le hiciera sombra. Y entonces el wyrd, la fatalidad tejida por las nornas, intervino.

"¿El mejor de los escaldos?", en el umbral se recorto una silueta inmensa, de más de dos metros de altura. El extraño dio un paso adelante y todos pudieron verle claramente. Era un hombre de semblante hermosamente melancólico, de largo pelo oscuro y ojos negros y profundos como la noche. Su talla y porte indicaba que era de sangre jotun, llevaba un arpa de mano en la mano derecha, y el pomo de una enorme espada asomaba a su espalda. No fue necesario que se presentara: Era Starkad.

Starkad
Starkad, bendecido por Woden, maldito por Thor, condenado a vagar sin familia ni hogar, a crear versos capaces de conmover a los más insensibles para luego olvidarlos, a realizar grandes hazañas y grandes villanías. Y ahora su vagar le había llevado hasta el salón de Aelle en este día concreto, con toda su fama y su infamia tras el. Dicen que Marek cayo de rodillas dando gracias al dios del madero, pero yo no lo vi.

Starkad parecía sentirse ofendido por las alabanzas que Wulfrig había recibido, y dispuesto a poner  de inmediato en su lugar a "este rascaversos de provincias", pero por un momento, pareció apaciguarse. Y fue gracias a la más inesperada de las apaciguadores: Rowen la Fuerte, guerrera temible y guardaespaldas de la reina Jorunn. Rowen le convenció de que debía aclararse la garganta y recuperar sus fuerzas antes de cantar. Por un momento todos se sentaron de nuevo y siguió la comida. Pero la semilla ya se había plantado.

Algo mas tarde, e instigado por Marek, Starkad se alzo, y canto como solo el sabia. Hablo de la hermosa joven de cabello dorado como un trigal, de su entrega por su pueblo, de su dolor por su padre injustamente asesinado, de como por el bien de su pueblo, había de casarse con el aborrecido hijo del asesino de su padre.

El salón enmudeció. Los comensales empezaron a mirarse de hito en hito, reviviendo pasados
agravios que se habían olvidado en la alegría de la boda. La tensión se palpaba y solo sobrehumanos esfuerzos por parte de Kjallak y Wulfrig impidieron que todo estallara, pero la alegría se había perdido y todos estaban convencidos de que el futuro del matrimonio, que unas horas antes se antojaba brillante, se iba a echar a perder más tarde o temprano.

Una vez mas Marek intervino. Algunos han llegado a decir que Marek el Cristiano no estuvo realmente allí y al que vieron los invitados era realmente Logen, el dios del fuego y el engaño, haciendo de los suyas. Pero en cualquier caso, el que parecía ser Marek, excito a los dos escaldos para que se enfrentaran en un duelo rimado, que gano Wulfrig, pero hizo que la sangre de los comensales se incendiara.

Entonces Jorun se levanto y hablo. Dijo que renunciaba al matrimonio, que estaba claro que los dioses no deseaban que se casara con el hijo del asesino de su padre. Aelle trato de convencerla primero con lisonjas, luego con advertencias, por ultimo con amenazas. Marek empezó a hablar y uno de los firdmen de Aelle trato de callarlo. Todos empezaron a gritar y algunos a golpearse. Aelle perdió los estribos, cogió a Jorunn por los brazos y trato de consumar el matrimonio en ese lugar y momento. Y ya nada pudo contener la avalancha de infortunio.

Jorunn golpeo a Aelle en la ingle con la rodilla y se reunió con sus hombres. Starkad saco su enorme mandoble y mato a varios de los hombres de Aelle. Todo el mundo se defendió usando las armas que encontró mas a mano, cuchillos, platos y hasta patas de banco. Jorunn y los suyos arrojaron rescoldos del fuego largo y antorchas de los muros para prender fuego a la gran sala, y Starkad, con su fuerza sobrehumana, abrió a hachazos un boquete en uno de los muros por el que escaparon. Kjallak, enfurecido con su señor y con "el cristiano", se quedo junto a Aelle, y Wulfric Finnson casi hizo lo mismo.

La boda y la paz que la acompañaba se habían malogrado, Aelle había jurado venganza y que convertiría a Jorunn en la más baja de sus siervas. La guerra era inevitable, pero sin duda el hijo de Cymen no la esperaba tan pronto como llego. Apenas unas horas despues de la boda, en un apresurado cónclave entre los bosques, a apenas cinco millas de Sixtedale,  Jorun discutió con los suyos como llegarían a su reino, ya que se encontraban en pleno territorio enemigo. Entonces Starkad hablo  y le dijo que si le daba a los cien Grajos, su guardia de élite, y a los cien frisios de Wulfric, el le conseguiría el tiempo que necesitaba, y un lugar en el Walhalla para los que le acompañaran.

Jorunn, accedió. Lo hizo sabiendo cual era la fama de Starkad. Lo hizo llena de odio hacia Aelle, y sin importarle las consecuencias. Y al hacerlo, se gano su apodo: La Reina Negra de Deira.

Starkad marcho contra Sixtedale y encontró a las tropas de Aelle durmiendo al raso tras el incendio en su Gran Sala. Los masacro sin piedad y luego hizo lo mismo con todo hombre, mujer y niño que encontró en Sixtedale. Prendió fuego al lugar para dejar solo cenizas tras de si. Antes de marchar,  colgo a cuarenta y nueve hombres, mujres y niños de los arboles que rodeaban el lugar como ofrenda a Woden, y luego desapareció de Britania, tan rápidamente como llego. Tanto que algunas niegan que jamas pisara la Gran Isla. En el combate casi todos los hombres de Jorun murieron, pero tambien lo hicieron mas de dos mil súbditos de Aelle, incluyendo seiscientos de sus mejores guerreros.

Jorun volvió al Deira Feld y convoco a la Thing. Con su don para la oratoria convenció a su pueblo de que se la había ofendido más allá de lo soportable, que Aelle debía ser castigado y que había que atacar, "mientras el hierro estaba caliente". Juro que las cabezas de Aelle, Vortigern y Cymen acompañarían algún día a la de Hengist en su Gran Sala. Y marcho contra el Deira Wold.

Aelle fue fácilmente derrotado. Sus fuerzas estaban debilitadas, y su pueblo le contemplaba con desprecio. Consiguió huir y poner proa hacia las tierras de los francos. Nadie presto demasiado caso a sus juramentos de venganza.

Tras su victoria, la Reina Negra se sentó sobre el trono de toda Deira, orgullosa y complacida en su nueva fama, contemplando con ojos implacables el mapa de Britania puesto ante ella, cavilando su próximo movimiento.
La Reina Negra de Deira