lunes, 10 de febrero de 2014

En Aelia Castra:I

Dejamos a Jorun haciendo una entrada impresionante en Aelia Castra, desfilando a lo largo de la Vía Decumana montada en un magnifico caballo blanco y tocada con su corona de muérdago. De esta forma atravesó la ciudad hasta llegar a su centro, el foro de Constantino.

El foro, con su pavimento agrietado y salpicado de charcos, es un epitome de la situación de la ciudad, Aelia Castra, como la mayoría de las ciudades romanas de Britania, vive una lenta agonía. Solo una cuarta parte del recinto amurallado esta habitado, las obras publicas adolecen de una crónica falta de mantenimiento y desde la Gran Conspiracion, las murallas de la ciudad no han sido restauradas.

Sin embargo, al haber sido inesperadamente designada sede del collegia de los reyes de Britania este año, la ciudad ha recuperado en estos días la vitalidad de antaño. Las termas funcionan a diario, en turnos matutinos para los hombres y vespertinos para las damas, la basílica cívica rebosa actividad con las audiencias del Alto Rey Vortigern y los preparativos para la llegada de tantos reyes y dignatarios. En la otra basílica,  Basílica Cristiana, los servicios son dirigidos nada mas y nada menos que por un obispo, llegado de la lejana Hibernia, y los barrios desiertos se están llenando con los reyes y sus séquitos, venidos de todos los rincones de la isla.

Pero claro, una ciudad que va a recibir a tantos individuos poderosos, se convierten inevitablemente en un tablero de juego, donde unos y otros posicionan sus piezas. Y ademas, se juegan varias partidas a la vez.

Pronto los PJ se dan cuenta de que la primera de estas partidas se juego a la vista de todo el mundo en
pleno foro. Es una lucha por el espiritu de britania, y las piezas principales son el Archidruida Blaise por un lado y el obispo irlandes, Patricio de Armagh, por el otro.

En el centro del foro destacan dos construcciones. Una estatua de Constantino el Grande de mármol pintado en perfecto estado, y una gran fuente, llena de sirenas y tritones, que continua continuamente. Estas dos construcciones son las banderas de cristianos y paganos respectivamente. De hecho, para los que pueden traspasar el Velo, como Kjallak el thulr,  sobre estas dos obras humanas se alzan don colosales imagenes espirituales, de 20 pies de altura. Un arcangel vestido con tunicas blancas y doradas, que esgrime una espada de Llama Vibrante se yergue sobre los hombros de Constantino el grande, mientras que la fuente de agua cantarina sirve de pedestal a una gran Victoria alada.

El primero, de los jugadores, el Archidruida Blaise, es un hombre de entre 40 y 50 años. Va a todas partes acompañado de una guardia de galeses armados hasta los dientes y acompañado de un joven ovato llamado Myrdinn. Como bardo que fue durante su aprendizaje, su control de la voz, y de la información raya lo sobrenatural (bueno, en realidad, ES sobrenatural), y cuando Thorlot y Wulfrig Finnson se reúnen con el, encandila a la primera  con amabilidad y hermosas palabras, y apabulla al segundo con su cocimiento de detalles de su vida, esgrimiendo contra él la versión mas calumniosa que circula sobre lo que ocurrió cuando Hengest mato a su padre Finn, que relata como se oculto bajo los cadáveres en el Gran Salón de Finnsbürgh.  Desupes de dejar a Finn algo alicaido, invita a Thorlot y Wulfrig a que lo visiten tras el atardecer en el lugar donde se ha instalado con sus seguidores: El Altar de Lug.

El Altar de Lug esta en el cuarto suroeste de la ciudad, el mas abandonado, donde la misma muralla se ha venido abajo en varios lugares y no ha sido reparada. Es también el lugar donde la minoría pagana de la ciudad se ha visto desplazada y segregada, lejos del foro y las zonas mejor protegidas del municipia. Para burlar las leyes contra la edificación de templos paganos, estas gentes han construido un altar al dios del sol bajo un bosquecillo de robles, crecido en plena ciudad o conservado desde antes de que esta existiera, nadie parece recordar ya su origen.
 
En este lugar, una hora despues del anochecer, Thorlot y Wulfrig disfrutan del privilegio de oír cantar al joven Myrdinn. Su habilidad con el arpa es prodigiosa, su voz, un susurro divino. Wulfrig, el mismo un gran escaldo, y que ha viajado desde Roma a Escania, y desde Gallaecia a Bizancio, nunca ha oído una voz tan conmovedora. Bueno, tan solo una vez, cuando escucho al melancólico Starkarhd, retoño de gigantes, en un salon de alto techo de troncos, en los confines septentrionales del Mundo.
Wulfrig se pierde en una conversación de musicologia con el joven Myrdinn, y mientras, Blaise aprovecha para llevarse aparte a Thorlot y presentarle a alguien muy especial: Viviana, la Dama del lago.
La dama del lag.No suelo usar fotos, pero esta vez... Lo merecia